domingo, 28 de noviembre de 2010

Sexteto habanero, pionero del son

                                      Autor: Senén Suárez Hernández.     Fuente: CUBARTE




El sábado 14 de agosto compartí un programa de TV con la generación actual del Sexteto Habanero, y entonces recordé las horas de sueños que pasé estudiando la vida y obra de aquellos jóvenes que iniciaron tal faena.
Hurgar en los actos de una agrupación 70 años posteriores no resulta fácil, más aún cuando se trata de situaciones imprecisa, pero el deseo era decidido y pese a tropezar escollo tras escollo, al final comenzamos.
Ricardo Martínez era un santiaguero tresero, soñador y bohemio que irrumpió en la capital del país por el año 1910. Casi instalado en la capital comenzó a desandar con su tres por bares y cantinas buscando algo para desarrollarse en su mundo bastante estrecho.

Pero un día se encuentra con un jovencito llamado Gerardo Martínez Rivero, que cantaba a las mil maravillas, y surge una amistad llegando al acuerdo de conseguirse dos músicos más para crear un cuarteto. En tal caso, Gerardo conocía a Felipe Neri Cabrera Urquizar, maraquero y cantante de coro y a Guillermo Castillo García tocador de botija. Así, ya reunidos en 1918 forman el cuarteto Oriental, bajo la dirección de Ricardo Martínez, en esa unión estuvieron un período regular.

Pero el cuarteto como tal no funcionaba muy bien y es por ello que deciden aumentar el grupo a sexteto, pasando Guillermo Castillo para la guitarra y en su lugar entra Antonio Bacallao como tocador de botija. Felipe Neri sigue en las maracas, igualmente Oscar Sotolongo inicia la plaza de bongosero, mientras que Ricardo Martínez en el tres y Gerardo Martínez en las claves y voz solista. De esta forma queda constituido el Sexteto Típico Oriental.
En el año 1919 hubo discrepancia en la agrupación y Ricardo Martínez, el gran creador de las dos agrupaciones musicales, decide abandonar el sexteto y en su lugar entra el habanero Carlos Godínez Facenda, tresero de fina intuición musical. Ya para el año 1920 pasa Guillermo Castillo para la dirección del sexteto, el cual de hecho toma el nombre de Sexteto Habanero.

En 1920 el Habanero sale a luchar contra una buena cantidad de sextetos que se batían por la subsistencia en plena urbe, una ciudad empobrecida, plagada de politiqueros y de burgueses racistas los cuales menospreciaban la música que ejecutaban los sextetos que era el son.

No obstante, el Sexteto Habanero estaba apoyado en cuatro figuras que en el camino resultaron muy importantes e hicieron que el mismo fuera una de las agrupaciones más populares en Cuba, sus nombres: Guillermo Castillo García Habana (188?—1949), Felipe Neri Cabrera Urrutia Habana (1876-1936), Gerardo Martínez Rivero Habana (1906-1958) y Carlos Godinez Facenda Habana (1886—1952).

El Sexteto Habanero se presentó en varias competencias de agrupaciones saliendo airoso de ellas, en primer lugar por presentarse uniformados con un repertorio estelar, con un ajuste casi perfecto en su ritmo y en segundo lugar por tener un carisma del que carecían sus contrarios.

Ya en el año 1925 aparece la disquera Víctor directamente de Nueva York para grabarles a los jóvenes del Sexteto Habanero que brincaban de alegría, pues sabían lo que eso representaba. Antes de realizar estas grabaciones realizan cambios en la agrupación, Agustín Gutiérrez entra como un nuevo bongosero, es así que pasa a tocar el contrabajo Gerardo Martínez que continúa de solista e inspirador, entonces ingresa en la agrupación el Caruso de Cuba, Abelardo Barroso voz, que de inmediato graba en La Habana, el 29 de octubre de 1925, la primeras obra del Habanero como Maldita timidez, original de Carlos Valdés.

Así comienza un largo período de grabaciones que comienza en 1925 hasta el año 1931, graban temas que quedaron inmortales en la memoria del pueblo cubano y otros países del área lo mismo en La Habana que en Nueva York.

Los cuatros puntales de la agrupación: Castillo, Godines, Martínez y Neri, contribuyeron con sus obras soneras al engrandecimiento del Sexteto Habanero, igualmente sus voces se unieron magistralmente como una idea creadora y novicia, ningún sexteto de la época cantaban como ellos, su ritmo era sereno y contundente, así fueron calando posiciones definitivamente famosas.

Aportes en sones de los cuatro grande del sexteto habanero para su repertorio y discografía
Guillermo Castillo:
Cabo de guardia siento un tiro; Caballero silencio; Quisiera ser mi estrella; Tres lindas cubanas; Galán galán; Sexteto Habanero; Errante por el mundo; A Portugal muchachos; Pa, cantón; Eres mi lira armoniosa; Amparo; De la boca al corazón; Las penas mías; La malla de un traicionero; Mi tres, mi clave y mi bongo.

Felipe Neri Cabrera:
Son las dos china; Como está Miguel;, Pájaro lindo; India Inglesa; Africana; Criolla carabalí; Mi guitarra; Estela; Nieve de mi vida; Ofelia mía; Las maracas de Neri; Guantánamo; Vi una vez; Que hay que hay; Déjate de bobería;, Sacudiendo mis maracas; El sonero; No trago.

Gerardo Martínez:
Carmela mía; Diana; Recuerdo del pasado; El florero; Elena la cumbanchera; Romántica mujer; Alicia; Rosa que linda eres; El bongo del habanero; Coralia; No me desprecie nena; Recuerdos imperecederos; Dora; Bertha; Gloria a mis claves; Junto al río; Chelín.

Carlos Godínez:
Mujeres que gozan; Trigueña; Que dirán; Alza los pié congo; Tribilín cantores; Cruel desengaño; Romerillo (yerbero bueno); Debajo de la mata; Preludio de Godinez; La diosa; No hay quien pase.
Sabemos que la relación de obras grabadas de estos cuatro compositores no está completa, pero hemos tenido el cuidado de acercarnos lo más posible a ella independientemente que el Sexteto grabó algo más de cien temas, inclusive de otros autores.

También por su nómina rotaron varios soneros bien conocidos y calificados por el pueblo cubano de la época, así podemos mencionar a: José Cheo Jiménez, Miguelito García, Rafael Hernández y Abelardo Barroso, entre otros. Una adquisición más del habanero fue ingresar en el año 1927 al trompetista Enrique Hernández, tomando con ello el nombre de septeto y no sexteto. Un corto período se mantuvo Hernández en la agrupación siendo prontamente sustituido por el joven Félix Chapottín Lage.

En el año 1929 el Septeto Habanero fue contratado por los estudios de la empresa de film Artistas Unidos original de Norteamérica, para participar en la película El puerto del infierno, donde sus artistas principales lo fueron, Lupe Vélez y John Johland y fue filmada en Tampa.

Este Septeto Habanero mantuvo su vigencia exuberante hasta el año 1931, pero se mantuvo activo muchos años más, y es justo reconocer que fue la primera agrupación cubana organizada que se uniformó, montó su repertorio y grabó, para dar a conocer al mundo que el son no moriría nunca.

El Septeto Habanero lleva varias décadas de reorganizado y está cumpliendo sus 90 años de fundado. Esperamos que se hagan eco de tan importante acontecimiento por el bien de la cultura autóctona musical cubana.


Bibliografía:
Aguilar Blanco, Jesús. Ochenta años del son y Soneros en el Caribe. Fondo Editorial Tropykos, Caracas 1992

Agradecimientos:
Lic. Roberto Payera García.
Lic. Belinda de la Caridad Suárez Pesi